domingo, 26 de agosto de 2012

El cuy mágico (la plata)



Unos días atrás estaba viendo CNN...
Mentira pues!
Ok, ok, vuelvo a empezar...
Unos días atrás estaba en el cuarto de mis viejos, habían dejado el televisor prendido en CNN y no encontraba en control remoto (cambiador le diría mi vieja), cuando entre las noticias pasaron un reportaje de un estudio gringo (son la cagada los gringos, hacen estudios sobre cualquier huevada) sobre como la plata sí puede hacerte feliz. Y la verdad es que para ser un estudio gringo, estaba bastante bueno.

Este es el resultado del estudio.

Gastar en viajes es un ejemplo de como el dinero sí puede comprar la felicidad. Y claro, comprarte un polo o una cartera no te vuelve más feliz; pero un viaje, sea donde sea, sí lo hace. No te digo que te vayas al otro lado del mundo, sal de tu ciudad, sal de tu distrito, sal de tu casa. Ir a ver a un amigo es un viaje, pequeño, pero viaje al fin y al cabo, y eso siempre te hace feliz.

Comprar cosas que nos nutran de conocimiento o que nos nutran el alma, también son ejemplos de cómo el dinero (que fea es esa palabra) puede comprar felicidad. Libros, música, arte en general, son cosas que pueden sumar a nuestra felicidad.

Ahora viene mi parte favorita y la más cierta de todas.

Dar.

Así de fácil.

La sensación de dar un regalo siempre es mejor a la de recibir uno. Y más cuando uno piensa y pone esfuerzo en el regalo.

Hace poco vi como una amiga preparaba un regalo con tanta paciencia, dedicación y cariño. Vi como ella se llenaba de felicidad puliendo al máximo el regalo, mientras lo hacia lo único que se le veía era un sonrisa. Si la ves un día pregúntale. Su felicidad ese día le costó unos veinte soles.
Dar es dar…

Me dice mi vieja


Viaja ligero. Ese es el mejor consejo que me dio mi vieja. Dos palabras. Nada más, nada complicado.

Y en ese sentido ambas palabras tienen un significado enorme.

Ligero.
Obviamente no habla del equipaje que uno pone en una maleta; habla de las piedras que uno pone en su mochila interior, la que es imperceptible al ojo ajeno y que es la más pesada de todas, la única que realmente nos hace dejar de movernos y que un simple reposo no calma.

Y es que uno va recolectando piedras de diferentes formas, colores y pesos y las va metiendo en la misma mochila, siendo está mochila casi de volumen infinito, digo casi porque eventualmente se puede romper,y a falta de palabras, haciendo que se vaya todo al carajo. Es por eso de vital importancia sacar esas piedras de la mochila, porque cuando uno las comienza a sacar se da cuenta que realmente no las necesitamos cargar. Es más; creo que el humano es capaz de caminar a tres centímetros del suelo, pero que sólo los niños tienen esa capacidad de hacerlo pues no cargan siquiera mochila y son los adultos los que les ponemos mochila y probablemente las primeras piedras, junto con el típico "bienvenido al mundo real". Wacala!

Viaja. Sabia resulto mi viejita.

Y cuando digo viaja no hablo de hacer un viaje literalmente; te pido, imploro, ruego que no te quedes en un mismo lugar; sal, intenta, prueba, caete y parate, date el gusto, dale el gusto. El miedo paraliza leí hace poco, y si dejamos de decir o hacer por el miedo es como meter una roca a la mochila, pues es tan pesada que no podemos hacerle vista ciega y de a pocos dejamos de movernos y viajar. Uno ante cualquier situación está en "No" y en el peor de los casos después de intentarlo el "No" seguirá siendo "No", pero la duda del tal vez "Sí" desaparece y con ella, la roca.

No dejes que tu mochila se llene de piedras, no vaya ser que te pierdas el viaje de tu vida...